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Microorganismos y nosotros los humanos

Dr. Gerardo I Naundorf Sanz

Microbiología Ambiental

Resumen

El universo nos ha proporcionado este ecomundo que llamamos Tierra donde habitan numerosos seres vivos en inextricable relación e interdependencia. Los humanos somos un importante componente de este mundo con una alta capacidad de transformación de nuestro ecomundo de una manera que a todas luces es de resultados nefastos. Otro componente de trascendental papel en el ecomundo son los microorganismos, pues sus actividades metabólicas y biológicas son de alto impacto en la naturaleza y por ende en nuestra corporeidad. Nuestro cuerpo es a su vez un ecomundo para una gran variedad de microorganismos, estableciendo relaciones de naturaleza benéfica o maligna, causando notables y letales enfermedades. Recientemente sufrimos la gran pandemia del COVID19, que ha venido alterando la vida de millones de personas desde hace unos 3 años. La tecnología médica desarrolló vacunas basadas en la tecnología del ARN, pero debido entre otros aspectos al ambiente socio político se presentó gran oposición a su uso bajo premisas realmente incomprensibles desde mi punto de vista. Este documento presenta planteamientos para tratar de evitar la oposición a las vacunas que tanto aporte han hecho a la humanidad a partir de una de las escusas más frecuentes: no sé qué hay en esa vacuna.

Introducción

No obstante, los adelantos de las ciencias biológicas y la medicina, las enfermedades infecciosas son responsables de una importante cifra de muertes cada año. La Organización Mundial de la Salud[i] indica que desde el principio de este milenio se observan importantes mejoras en la salud global de la población con reducciones notables en la mortalidad infantil, la mortalidad maternal y la incidencia de enfermedades infecciosas, incluyendo el SIDA, la tuberculosis y la malaria. Pero la hepatitis B, malaria, tuberculosis, sida y las infecciones respiratorias son las enfermedades de mayor prevalencia e incidencia en la mortalidad, para las cuales tenemos vacunas o se han logrado importantes desarrollos inmunológicos que podrían ayudar en la disminución del número de casos. Las enfermedades infecciosas son prevalentes en países en vía de desarrollo o del denominado tercer mundo, pero de muy baja morbo mortalidad en países europeos. La pandemia del COVID19 afectó notablemente las estadísticas de mortalidad por enfermedades infecciosas, que, en el caso particular de España, las estadísticas reportaron cerca de 80 mil muertes en el año 2020 y 46 mil a causa de esta enfermedad, siendo las personas mayores de 55 años los más afectados.

En los últimos años y desde la aparición de la pandemia del COVID, se nota incremento en los números de casos de enfermedades que suponíamos erradicadas o controladas a niveles mínimos, como por ejemplo el sarampión, tos ferina, rubeola, varicela y poliomielitis, incluso en países desarrollados y para regiones donde las creíamos erradicadas o controladas. El manejo socio político de la pandemia creó un espacio para la aparición de movimientos antivacunas que se dispersó rápidamente por todo el mundo.

La esperanza de las vacunas contra el virus causante del COVID19 crearon una especie de optimismo y esperanza ante la amenaza de esa enfermedad que se propagó a velocidades insospechadas, a pesar de las restricciones y cierre de fronteras y actividades en general. Han transcurrido prácticamente tres años desde la aparición y dispersión del virus y las vacunas están disponibles desde hace unos dos años en lo que parecía una carrera triunfante para detener la mortal epidemia. La tecnología para producir vacunas del tipo ARN se aceleró con excelentes resultados gracias a la inyección de importantes capitales en la empresas productoras. Esta tecnología venía en lento progreso desde hacía muchos años, pero gracias a la inversión en capital técnico, logístico y humano se lograron avances trascendentales y hoy en día se está aplicando a muchas otras enfermedades infecciosas como la gripe, neumonía, varios virus y hasta en el cáncer.

No obstante, en el año 2023, el virus sigue esparciéndose y seguramente lo hará por años gracias a la alta capacidad de adaptabilidad y mutabilidad de su genoma, pero también por el hecho de que muchas personas no han podido ser vacunadas por falta de acceso a la vacuna o por la resistencia a la vacunación, lo que nos ha impedido lograr la tan anhelada inmunidad de rebaño de la que tanto hablan los epidemiólogos.

A manera de ejemplo, a la fecha (Mayo 2023) China enfrenta una tercera ola del virus que afecta a unos 40 millones de personas y se estima que podría afectar aun a más personas, en su mayoría ancianos en regiones apartadas del país donde el acceso a la vacuna es limitado por diversos factores.

Movimiento antivacunas

La oposición a la vacunación no es algo nuevo. Desde los primeros trabajos de los pioneros en la microbiología hubo resistencia tanto por la comunidad como por algunos estudiosos de la naciente ciencia de la microbiología. Incluso Pasteur no fue ajeno a los ataques de colegas de su época. La oposición a las vacunas se ha dado por razones religiosas, sociales y últimamente ha mostrado un importante carácter político.

Se argumentan muchas razones, pero sin sustento técnico o científico y se desconoce la realidad de los procesos inmunológicos, lo que es una vacuna, sus diferentes opciones y las formas como los virus interactúan con las personas. En el siguiente link puede consultar la tabla de tiempo en la historia de las vacunas: Timeline | History of Vaccines.

La vacuna es un producto médico y la vacunación puede considerarse una intervención en el estado de una persona, que, aunque está orientada a proteger a las personas, puede tener efectos adversos como con cualquier otro producto clínico. Estos efectos se denominan eventos adversos y pueden ir desde complicaciones leves como inflamación, enrojecimiento o malestar en el área donde se colocó la vacuna a efectos más distribuidos como rasquiña, fiebre y dolor corporal. Desde luego pueden producirse efectos más riesgosos para la vida de las personas como reacciones alérgicas severas, convulsiones y el denominado choque anafiláctico que es letal.

El movimiento antivacunas tuvo un gran realce a partir de los trabajos de Andrew Wakefield, médico gastroenterólogo británico, quien publicó en la prestigiosa revista científica Lancet un estudio donde expresaba que las vacunas contra el sarampión, paperas y rubeola podrían predisponer a una regresión conductual y desórdenes del desarrollo en niños[ii]. Hablaba de una estrecha relación entre las vacunas y autismo. Pocos meses después el Consejo Médico Británico revocó la licencia médica de Wakefield, pues los supuestos estudios presentaban importantes carencias de protocolos científicos y la existencia de conflictos de intereses económicos. No obstante, los falsos postulados de Wakefield se acogieron en muchos países y en los Estados Unidos de Norteamérica adquirieron gran relevancia. Los antivacunas indicaban que no existían estudios serios sobre el efecto de las vacunas. Meses después, la Academia Americana de Pediatría presentó un documento que indicaba los numerosos estudios realizados que mostraba la no existencia de relación entre autismo y vacunas. Previamente habían ocurrido otras discusiones como por ejemplo la correlación que quiso establecer entre la aplicación de la vacuna del polio y la epidemia de SIDA, la cual surgió de una información errada en la revista Rolling Stone en el año de 1992[iii].

Los antivacunas indican que las vacunas contienen productos tóxicos como aluminio, mercurio, formaldehido y anticongelantes, que producen alergias y autismo, que alteran los procesos inmunológicos, que son simplemente un gran negocio de las farmacéuticas y que el organismo es capaz de defenderse por sí mismo sin necesidad de la vacuna. La pandemia del COVID19 nos demostró que el organismo humano estaba muy lejos de poder controlar naturalmente esta enfermedad, tal como sucedió con pandemias anteriores recientes como la gripe aviar y la porcina. La Universidad John Hopkins dejó de colectar datos sobre el COVID en marzo de 2023, pero a esa fecha se reportaron en su famoso mapa del virus 6’881.955 muertes con 676’609.955 total de casos[iv]. Estados Unidos, Japón y Alemania aportaron los mayores números. A esa fecha de cierre, España reportó un total de 13’770.429 casos con un total de 119.479 muertes.

Durante las primeras aplicaciones de las vacunas circularon incluso comentarios fuera de toda realidad como por ejemplo que la vacuna contra el virus del Covid19 era para incorporar un chip que permitiría hacer seguimiento a las personas y dominarlas. Se malinterpretaron palabras de Bill Gates acerca de este chip y la tecnología 5G de las telecomunicaciones. No obstante ser noticias falsas, estas siguen repitiéndose y manteniéndose entre un importante número de la población.

Los antivacunas indican que ellos no saben qué les están inyectando y que las vacunas con base en la tecnología ARN incorporarán el gen viral que hará mutar a las personas. Lo cierto es que rutinariamente consumimos una gran cantidad de productos que no sabemos que contienen y cómo pueden afectar a las personas. En alimentos procesados, productos naturistas, cosméticos, lociones, perfumes, jabones, champús, cremas, ungüentos, bloqueadores solares y medicamentos se encuentran una gran cantidad de componentes que consumimos a diario y generalmente no nos preocupa lo que contienen ni nos preguntamos sobre sus efectos en nuestra corporeidad y conductas, con contadas excepciones. De igual manera, muchos de los alimentos que se consumen diariamente contienen pequeñas cantidades de pesticidas, herbicidas, antibióticos y otros compuestos orgánicos e inorgánicos, sin contar con el consumo de organismos genéticamente modificados. Sin embargo, solo se preocupan por el gen del virus y su supuesta capacidad de mutarnos, desconociendo que los microorganismos hacen parte de nuestro cuerpo y afectan nuestras acciones y desarrollos biológicos. Sobre este último aspecto deseo ampliarme. Es bueno recordar que, al ARN, particularmente el denominado mensajero, es una molécula de efectos temporales y una vez cumplida su función se degrada.

Microorganismos y el cuerpo humano

Desde hace varias décadas se estableció que los microorganismos eran un componente frecuente del cuerpo humano y sus actividades afectaban nuestro funcionamiento biológico, ecológico y por ende en lo social. Trillones de microbios viven en el interior y exterior de nuestro cuerpo y la inmensa mayoría de ellos no causan daño y, por el contrario, son esenciales para nuestra vida. Estudios realizados por el Proyecto Microbioma Humano[v] indican que los microbios sobrepasan en número a nuestras células. Estimativos sobre el tema indican que nuestro cuerpo contiene unos 10 trillones de células humanas y unos 100 trillones de células bacterianas y que al menos existen unas 10.000 especies bacterianas asociadas con nuestro organismo.

El componente genético relacionado con estas 10.000 especies en individuos sanos se estima en alrededor de 8 millones mientras que nuestro componente genético se estima en unos 23.000 genes[vi]. Los humanos somos un 99.9% idénticos entre sí en términos de nuestro genoma[vii] pero somos entre 80 y 90% diferentes en términos del microbioma presente en las manos[viii] o el sistema intestinal[ix]. Esto implica que en un futuro sea más fructífero emplear las variaciones en el microbioma que usar el relativamente constante genoma del huésped, para hacer intervenciones personalizadas más que tratamientos generalizados que pueden ser disruptivos de otras funciones biológicas.

Han transcurrido más de 15 años desde la implementación del programa Microbioma con importantes avances en la identificación y el establecimiento de sus efectos en nuestro organismo, pero desde luego aún falta mucho camino por recorrer. No obstante, se han logrado desarrollos tecnológicos especialmente en los métodos de secuenciación genética y técnicas analíticas que nos están permitiendo entender más la interacción de los microorganismos con nuestro cuerpo y sus manifestaciones corpóreas.

Los microorganismos se distribuyen generalmente en la piel, saliva, mucosa oral, conjuntiva y tracto gastrointestinal, sitio en el cual encontramos la mayor de los microbios que contenemos. Sender[x] y colaboradores han replanteado recientemente los números de microorganismos en nuestro cuerpo, comparado con las células humanas.

De manera similar, los virus se encuentran ampliamente distribuidos en nuestro cuerpo. Para referirse a ellos en su conjunto, hablamos del viroma humano. Las partículas virales se encuentran probablemente en números hasta 10 veces mayores que nuestras células y componentes del microbioma. Muchos de estos virus participan en procesos esenciales para el organismo e interaccionan con nuestro genoma, lo que podría explicar algunas transiciones evolutivas, desde el origen de las células y algunas estructuras celulares hasta procesos más complejos en la historia evolutiva de la vida[xi].

Podría decirse que no sobreviviríamos si estas partículas desaparecieran. Los virus contienen secuencias genéticas que pueden insertarse fácilmente en el genoma humano. Se indica que cerca de un 8% del genoma humano contiene secuencias de ácidos nucleicos virales. De particular interés son los retrovirus, pues al operar de forma inversa tienen la capacidad de producir ADN e integrarse al genoma de células infectadas. A manera de ejemplo, Thierry Hadmann[xii] del Instituto de Cancerología Gustave Rousyy en Francia detectó que dos importantes genes (Syncytin-1 y Syncytin-2) que cumplen papel trascendental en el desarrollo de la placenta humana contienen componentes genéticos de retrovirus. La cosecha de genes virales está ligada a nuestro pasado evolucionario y se ha sugerido que alrededor de unos 145 genes humanos han surgido a través de la transferencia horizontal genética[xiii]. La mayoría de los virus detectados en el cuerpo humano pertenecen al grupo de los bacteriófagos, virus que infectan bacterias y por lo tanto cumplen papel importante en la regulación del microbioma.

Vale la pena mencionar que los coronavirus, como el causante del COVID19, pertenecen al grupo de los retrovirus, virus de cadena simple de ARN, que incluyen además los virus de la influenza, Ébola, rabia, sarampión. Nipah y hantavirus entre otros, los cuales se caracterizan por sus frecuentes mutaciones a medida que se replican. Estos virus causan enfermedades zoonóticas, es decir aquellas que se transmiten entre especies animales, como por ejemplo murciélagos y pangolines. Adicionalmente tienen la capacidad de recombinarse cuando dos cepas o variedades del virus infectan una misma célula dando lugar a híbridos. Esto conlleva a mayores interacciones con el super organismo humano, cuyos efectos se desconocen en su mayoría pero que algunos casos clínicos se han observado preocupantes efectos a largo plazo sobre la salud de los humanos.

Los genomas de virus tipo ARN se han encontrado en estudios de genomas antiguos, indicando su presencia en las primeras etapas de la evolución humana, remontándose a miles de años de nuestro pasado biológico

Interacción cuerpo humano y microbios

A través de procesos metabólicos, que incluyen funciones enzimáticas, liberación de intermediarios y degradación de sustancias, la transferencia genética y la lisis de ciertas poblaciones celulares en el cuerpo humano, los microorganismos tienen un importante efecto en la dinámica del ecosistema humano y pueden tener efectos benéficos o perjudiciales sobre la salud humana, incluyendo impactos en la resiliencia a disturbios del sistema, evasión inmunológica, mantenimiento de procesos fisiológicos y alteración de la comunidad microbiana que puedan favorecer o proteger la colonización corporal de patógenos.

Mencionamos algunos aspectos interesantes:

Microorganismos del bioma intestinal cumplen una función importante en la producción de serotonina, que es producida en mayor cantidad en el intestino[xiv]. La serotonina regula muchas funciones fisiológicas en nuestro cuerpo, desde el control de la división celular hasta las emociones, pasando por la regulación de la temperatura corporal, el mantenimiento de la salud ósea y la agregación plaquetaria. Igualmente, se ha observado la liberación de otros neurotransmisores.

Los microorganismos intestinales ayudan a la digestión y en la forma como se usa y almacena la energía. Estudios han encontrado evidencias entre obesidad y cambios en la microbiota.

La famosa bacteria Escherichia coli (E. coli) nos ayuda a la síntesis de vitamina K que desempeña papel crucial en la coagulación sanguínea.

La microbiota de la piel es la primera línea de defensa contra enfermedades y lesiones. Existe un delicado balance entre los microrganismos de la piel que nos protege de la llegada de organismos patógenos.

La microbiota de las vías urinarias, la uretra y la vagina cumple un papel importante en la salud sexual y reproductiva y por ende afectan el bienestar social de los seres humanos.

Algunos microorganismos se han especializado en colonizar el cerebro humano, como por ejemplo el Toxoplasma gondii, causante de la toxoplasmosis. Estudios con este patógeno han evidenciado que los personas sufren retardos en las reacciones, acciones tardías, depresión, cambios en la personalidad, bipolaridad, pensamientos suicidas y aumento en la posibilidad de esquizofrenia[xv].

Inflamaciones leves crónicas del tracto intestinal, que pueden ser moduladas por microorganismos se han relacionado con disturbios de personalidad, ansiedad y depresión. Se ha hallado correlación entre los estados de estrés y ansiedad y afectaciones en comunidades de organismos benéficos como los bifidobacteria y lactobacilos.

El ácido gama aminobutírico – GABA es un neurotransmisor producido en el cerebro y juega papel importante como anti-ansiedad, pero es igualmente producido por bacterias del tracto intestinal como los lactobacilos, bacterias conocidas como probióticos. Bacterias probióticas afectan el cerebro de mujeres mentalmente sanas en regiones que controlan emociones y sensaciones, disminuyendo la ansiedad, miedo e ira.

Citomegalovirus, virus tipo herpes, está presente en más de un 60% de la población y aunque sus infecciones son benignas, se ha encontrado que en algunos individuos afecta la estabilización de las conexiones neuronales y plasticidad sináptica esencial para la memoria y el aprendizaje. Se ha encontrado que una variante genética maternal de citomegalovirus incrementa en cinco veces la posibilidad de sufrir esquizofrenia.

El virus causante del herpes zoster o varicela puede permanecer oculto en nuestro cuerpo por años sin ninguna manifestación, pero bajo ciertas condiciones como otras infecciones o enfermedades no infecciosas y el estrés puede activarse y causar un escozor doloroso. Aunque existe la vacuna muy efectiva, esta enfermedad se está presentando en muchos países. En Colombia se han detectado muchos casos recientes, que están afectando el ambiente escolar.

Los anteriores casos son un indicio de que los tratamientos psicológicos y psiquiátricos pueden ser ineficaces o menos eficientes en el caso de infecciones presentes, crónicas o latentes y que el tratamiento psicológico puede complementarse con estudios y modificaciones de la microbiota humana.

Microorganismos y Motricidad Vital Humana

Entendiendo la motricidad vital como aquel conjunto de acciones – interacciones del ser humano en el ecosistema global, que nos obliga a un entendimiento profundo de nuestro ser corpóreo, considero empezar esta breve sección diciendo que estamos compuestos de unos 84 minerales, 23 elementos, y más o menos 8 galones de agua repartidos entre 38 billones de células humanas y organismos del microbioma humano. El ser humano se construye a partir de la unión de dos elementos llamados gametos que se han generado en otro individuo con piezas de repuesto de la Tierra de acuerdo con un conjunto de instrucciones ocultos en una molécula de doble hélice lo suficientemente pequeña para ser transportada por el espermatozoide al óvulo. Por lo tanto, arrastramos desde nuestros antecesores una carga corpórea interactiva ancestral con el ecomundo.

Esas piezas de repuesto surgen del polvo de estrellas y gases universales, de las plantas, animales, microbios, rocas, arroyos, leña, pieles y huesos de animales descompuestas en sus partes más pequeñas y reconstruidas en el ser vivo supuestamente más complejo de nuestro planeta. En otras palabras, no se vive en la Tierra, se es la misma Tierra y como tal, se está interconectado con todo y por lo tanto se hace imperativo cuidar, honrar y amar a la Tierra. No somos un ente aparte, somos parte del denominado Ecomundo y por lo tanto somos interdependientes y nos complementamos con la existencia de otros ecomundos, en este artículo referido adicionalmente a la interacción del mundo de los microorganismos con nuestro ecomundo interior.

Queda mencionado que los microorganismos son parte esencial de nuestra corporeidad y por lo tanto afectan nuestra ontología, nuestra visión percepción del mundo y el otro, nuestras vivencias y nuestra consciencia, sensaciones, sentimientos y respuestas al ecomundo. Como lo expresa nuestra Eugenia Trigo somos seres relacionales, somos y vivimos en interacción con el medio, los otros y el cosmos en una relación que debe ser armónica de amor, poesía y sabiduría para permitir una relación ecológica profunda que dé centro y expresión a la vida.

Hoy vivimos realidades muy complejas que sobrepasan nuestra capacidad de pensar y actuar de manera rápida, eficiente, eficaz y mesurada. Los avances tecnológicos y científicos nos muestran una diversidad de posibilidades inimaginables desde décadas atrás a los cuales nuestra corporeidad le resulta difícil responder y actuar. A esto se suman los complejos sistemas políticos pinto-variados y los imperios económicos que complican aún más el panorama y nuestra capacidad de interactuar. El consumismo nos está llevando por un camino nada agradable, con funestas consecuencias.

Pero la tecnología, que debería apuntar a propiciar la unión armónica entre nosotros y con la naturaleza, nos ha llevado a un aislamiento impresionante y a un enclaustramiento antinatural que está afectando principalmente a nuestros jóvenes. Pero, sobre todo, esta supuesta modernidad ha causado una afectación impresionante a los sistemas naturales hasta el punto de que ya se habla de la próxima extinción masiva. Algunos usuarios a la pregunta sobre el fin del mundo a lo que conocemos a la tecnología de inteligencia artificial (ChatGPT), obtuvieron como respuesta que lo mejor sería acabar con la especie humana para salvar la Tierra.

¿Podremos soñar con una escuela y familia que se centre en el ser en relación con la naturaleza y los otros y no en la simple instrucción de ecuaciones, teorías, hipótesis y datos fácticos que permita la formación de personas comprometidas con estilos de vida sanos y armónicos con el ecomundo? ¡Queda abierta la discusión!


NOTAS

[i] World Health Organization. World Health Statistic 2023.

[ii] In Understanding Anti Vaxxers And Their Opposition to Vaccines (globalcitizen.org)

[iii] En: Debunked: The Polio Vaccine and HIV Link | History of Vaccines

[iv] https://coronavirus.jhu.edu/map.html

[v] NIH Human Microbiome Project – Home (hmpdacc.org). Noviembre 2012. Este programa investigativo fue lanzado en el año 2007 y es coordinado por los Institutos Nacionales de Salud -NIH, Estados Unidos de Norteamérica.

[vi] The Human Microbiome Project | NIH Intramural Research Program. Diciembre 2013

[vii] Wheeler DA, Srinivasan M, Egholm M, Shen Y, Chen L, McGuire A, He W, Chen YJ, Makhijani V, Roth GT, et al. The complete genome of an individual by massively parallel DNA sequencing. Nature. 2008; 452:872–876. [PubMed: 18421352]

[viii] Fierer N, Hamady M, Lauber CL, Knight R. The influence of sex, handedness, and washing on the diversity of hand surface bacteria. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. 2008; 105:17994–17999. [PubMed: 19004758]

[ix] Turnbaugh PJ, Hamady M, Yatsunenko T, Cantarel BL, Duncan A, Ley RE, Sogin ML, Jones WJ, Roe BA, Affourtit JP, et al. A core gut microbiome in obese and lean twins. Nature. 2009; 457:480–484. [PubMed: 19043404]

[x] Sender R, Fuchs S, Milo R (2016). Revised estimates for the number of human bacteria cells in the body. PloS Biol 14(8): e1002533, doi:10, 1371/journal.pbio.1002533

[xi] En: The human virome: The trillions of viruses keeping you alive – BBC Science Focus Magazine

[xii] Quammen, D. 2021. How viruses shape our world. National Geographic. February 2021

[xiii] Tom Oliver citado en: The human virome: The trillions of viruses keeping you alive – BBC Science Focus Magazine. Marzo 2021

[xiv] Indigenous bacteria from the gut microbiota regulate host serotonin biosynthesis. Jessica Yano et al., Cell, 2015: April 9, 161(2)

[xv] Kramer and Bressan, 2015. Humans as superorganisms: how microbes, viruses, imprinted genes, and other selfish entities shape our behavior. Perspectives in psychological sciences, Volume 10(4): 464-481

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