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Glosario Motricidad Vital

Artículo publicado en: http://www.hottopos.com/isle40/Motricidad.pdf

International Studies on Law and Education  40  jan-abr 2022   CEMOrOc-Feusp

Al proponer los ejes fundantes de la nueva ontología regional denominada Motricidad Vital, nos parece pertinente ofrecer un glosario de términos que ayuden al lector a comprender nuestra propuesta.

Ciencia encarnada. Etimológicamente encarnado/da proviene del participio encarnar del latín Incarnare que significa personificar, representar alguna idea, doctrina, etc. Epistemológicamente se sigue de la ruptura de los dualismos mente- cuerpo, mente-espíritu, razón-emoción, sujeto-objeto, civilizado-salvaje, oriente- occidente y así por delante. Lingüísticamente se puede traducir como embodied y así encontramos las expresiones embodied knowledge (conocimiento encarnado), embodied mind (mente encarnada), logos encarnado, science embodied (ciencia encarnada) (CAPRA, 2002), (NÚÑEZ ERRÁZURIZ, 2001), (VARELA, 2000).

Y, según ello ciencia encarnada es conocimiento (encarnado) sistematizado (teoría de los sistemas y complejidad) elaborado mediante la puesta en escena de nuestra corporeidad-motricidad-creatividad a través de caminos investigativos encarnados organizados epistémica y no teóricamente. Es conocimiento hecho propio, enraizado, se lleva a todas partes, no se esconde, es parte vital del (TRIGO, 2011).

Conocimento encarnado. Entendemos el conocimiento desde la perspectiva de (MORÍN, 1994) como “actividad por la cual, el ser humano toma consciencia de los datos de la experiencia y procura comprenderlos o explicarlos. El acto de conocer es al mismo tiempo, biológico, cerebral, espiritual, lógico, lingüístico, cultural, social, histórico; no puede disociarse de la vida humana y de las relaciones sociales”.

Conocemos-vivimos a través de los sentidos (sujeto-medio), comprendemos desde y con nuestra corporeidad (nuestro complejo ser-en-el-mundo), interpretamos en  nuestra motricidad (corporeidad en-acción hacia la trascendencia), proyectamos con la creatividad (lo que está más allá de lo visible).

En últimas encarnar el conocimiento, no es otra cosa que conocer desde el sí mismo (corporeidad) en relación con los otros y lo otro, lo que denominamos en la MV la relación triádica yo-otro-cosmos.

Corporeidad. Corporeidad proviene de Dasein acuñado por el filósofo alemán Heidegger. Vocablo alemán difícil de traducir. Apunta al particular modo de ser que  es característicamente humano. Dasein es ser-en-el-mundo. Fenómeno unitario, un dato primario, que requiere ser visto como un todo y no descompuesto en partes. Se ha venido traduciendo en castellano como corporeidad. No hay un ser que no esté en el mundo, ni un mundo que no lo sea para un ser. Ambos se constituyen en simultaneidad y por referencia al otro. La posibilidad misma de hablar de ser y de mundo, por separado, como de sujeto y de objeto, es derivativa de este fenómeno primario de ser-en-el-mundo (ECHEVERRIA, 2013, p. 191).

Corpóreo/motricio. Corpóreo, adjetivo calificativo de corporeidad. Motricio,  adjetivo calificativo de Motricidad (TRIGO, 1999).

Consciencia. La palabra «consciencia» (consciousness en inglés) puede definirse como el conocimiento y la percepción de la propia existencia, entendida como sensaciones, emociones, recepciones sensoriales y actividades motoras (DELGADO, 2001). Vivimos en transparencia, según Heidegger, cuando no estamos en consciencia plena de nuestros actos (ECHEVERRÍA, 2003) o según palabras de (DAMÁSIO, 2000) accionamos exclusivamente con nuestra consciencia central, sin apelar a la consciencia ampliada y a la moral. Es lo que sucede en nuestros hábitos diarios de la sobrevivencia (caminar, comer, etc.) que nos permiten libertad para avanzar en otras acciones. No podríamos ser seres creadores, si tuviéramos que estar continuamente re- aprendiendo lo que ya hemos adquirido. (NOË, 2010) rechaza la teoría de que nuestra experiencia del mundo se origine en conexiones neuronales; por el contrario, la consciencia emerge de nuestra interacción con el entorno. El autor explica que no somos nuestro cerebro, sino que éste da lugar a la consciencia al permitir un intercambio entre la persona o el animal y el mundo.

Ecomundos. Se trata de la imbricación efectiva del ser-en-el-mundo como complementariedad, donde se verifica la condición de interdependencia de todo como todo y todos con todos. Una interdependencia complementaria que no implica una fusión que destituye al ser de su singularidad, sino una composición que suma las diferentes formas de crear e interactuar en el mundo, por sus propias configuraciones de mundo. Ecomundos es la dinámica del mundo donde caben muchos mundos.

Experiencia/Sensibilidad. Una experiencia no está hecha de átomos, moléculas, proteínas o números. Por el contrario, es un fenómeno subjetivo que incluye tres ingredientes principales: sensaciones, emociones y pensamientos. En cualquier momento concreto, mi experiencia comprende todo lo que perciba (calor, placer, tensión, etcétera), cualquier emoción que sienta (amor, temor, ira, etcétera) y cualesquiera pensamientos que surjan en mi mente. ¿Y qué es «sensibilidad»? Significa dos cosas. En primer lugar, prestar atención a mis sensaciones, emociones y pensamientos. En segundo lugar, permitir que estas sensaciones, emociones y pensamientos influyan en mí. Doy por hecho que no debo permitir que cualquier brisa pasajera me lleve. Pero debo estar abierto a nuevas experiencias y permitir que cambien mis puntos de vista, mi comportamiento e incluso mi personalidad. Experiencias y sensibilidad se retroalimentan en un ciclo que nunca acaba. No puedo experimentar nada si no tengo sensibilidad, y no puedo desarrollar sensibilidad a menos que esté expuesto a una diversidad de experiencias. La sensibilidad no es una aptitud abstracta que pueda desarrollarse mediante la lectura de libros o asistiendo a conferencias. Es una habilidad práctica que puede madurar únicamente si se aplica a la práctica (HARARI, 2016).

Inmanencia/trascendencia. «El significado de  la  palabra  trascendencia  proviene  de trascendere: pasar al otro lado, superar, ir más allá de hacia. Por consiguiente, trascendencia significa: paso al otro lado, pasar al otro lado y designa aquello hacia donde se produce el paso, aquello que, para ser accesible y comprensible, requiere un paso más allá. Heidegger distingue dos sentidos de la noción de «trascendencia»: «Este término significa primero, lo trascendente a diferencia de lo inmanente; segundo, lo trascendente a diferencia de lo contingente» A su juicio, estos sentidos del término «trascendencia» representan dos líneas fundamentales de su interpretación: la epistemológica y la teológica, respectivamente. En el primer caso, la «trascendencia» es comprendida como lo que no permanece al interior del sujeto, sino que está fuera; en el segundo caso, es entendida como «lo incondicionado, pero, a la vez, lo propiamente inalcanzable: lo que nos excede» No obstante lo anterior, Heidegger considera que ambas posiciones están orientadas equivocadamente. Antes que una aproximación epistemológica o teológica, la «trascendencia» es primero, «la constitución originaria de la subjetividad de un sujeto. El sujeto trasciende en cuanto sujeto, no sería sujeto si no trascendiese. Ser sujeto significa transcender» (HEIDEGGER, 1997). De esta manera, Heidegger salda una deuda pendiente que tenía relación con el fundamento ontológico de la subjetividad. Dicho en dos palabras,  «ser  sujeto  quiere  decir  transcender»).  En  otras  palabras, el Dasein no existe y luego, en algunas ocasiones, efectúa una superación, sino que existir significa para Heidegger, originariamente, «superar» (übersteigen). En resumen, ni la perspectiva epistemológica ni la perspectiva teológica apuntan en la dirección correcta, puesto que el problema de la trascendencia tiene que ver con la constitución esencial del Dasein, pertenece primariamente a su ser y no sólo es un comportamiento añadido. Heidegger designa, por consiguiente, el fenómeno fundamental de la trascendencia con una expresión conocida: «ser-en-el- mundo» (HEIDEGGER, 1997, p. 196), (MUÑOZ PÉREZ, 2015).

La inmanencia (ROSENTAL; IUDIN, 2002) del latín “immanens”: permanencia en el interior. Uno de los conceptos fundamentales de la filosofía especulativa tradicional y de las escuelas idealistas contemporáneas. Por su sentido, el término “inmanencia” arranca de Aristóteles. En su significado literal, fue aplicado por primera vez en la escolástica de la Edad Media. La concepción moderna de inmanencia se debe a Kant. La inmanencia, a diferencia de la trascendencia, designa permanencia de algo en sí mismo.

La crítica inmanente es la crítica de una idea o de un sistema de ideas partiendo de las propias premisas de las ideas o del sistema dados; la historia inmanente de la filosofía constituye un enfoque idealista de la filosofía como proceso determinable exclusivamente por sus propias leyes, excluyendo todo influjo de la economía, de la lucha de clases y de las formas de consciencia social sobre la evolución de las ideas filosóficas. En el RAE (Diccionario de la Lengua Española): se dice de lo que es inherente a algún ser o va unido de un modo inseparable a su esencia, aunque racionalmente pueda distinguirse de ella.

“Inmanencia” es lo que es esencia permanente en el ser humano, lo que me hace ser- único-diferente-a-otro; lo que por mucho que cambie, se queda en mí, porque es lo que me identifica. Es también, lo que me hace vivir el ahora y aquí como momentos  únicos de mi existencia. En síntesis, “Inmanencia/Transcendencia” son inseparables, dos caras de la misma moneda. Es mi manera de ser humano entre mi aquí y el ahora y mi proyecto. Es un ir y venir en continuo movimiento, de dentro a afuera, de afuera a adentro. Es la vida introspectiva-exterospectiva. Cuánto más expandimos hacia adentro, más expandimos hacia afuera. Como potencia vital tenemos la capacidad inmanente de superar situaciones limitadoras y trascender para una nueva condición humana en el contexto social.

Método procesual. Un método que es un no-método. Es un camino que se hace al andar. No está predefinido, se desarrolla con las personas en una  interacción constante. Es un proceso dialógico que se construye creativamente en función de las necesidades, deseos, posibilidades, preguntas, contextos en que nos movemos. El eje de la acción son las personas y son ellas (individual y colectivamente) las que orientan los rumbos a seguir.

Motricidad Vital. Percepción de nuestro ser-corpóreo (ser-en-el-mundo) que, desde  la incompletud, nos impulsa a vivir y caminar en el más ser (trascendencia), co- implicado cooperativamente con el otro/s y el cosmos, desde todas las cualidades, lenguajes, culturas y habilidades que son propias de los seres humanos, destinados a la co-creación de un humanes / comunidades / sociedades / mundos que permita la vida digna de todos los seres presentes y futuros. Motricidad Vital, es vivir afectivamente, con ética, trascendencia y colaboración cósmica. Es vivenciar distintas acciones que nos  implique  desarrollar  nuestra   sensibilidad,   que   se   convierta   en   experiencias significativas, a partir de las cuales podríamos narrar y contribuir con nuevas formas de ser-y-estar-en-el-mundo para buscar otras preguntas que nos lleven  a diferentes alternativas creando una red de sentidos de todos con todos y con lo que nos rodea. La Motricidad Vital como consciencia integrativa y regeneradora, como creación de mundos posibles, como esperanza y alegría para seguir sembrando utopías realizables, con calma eficiente que nos permita una mudanza de paradigma de nuestro-ser-en-el-mundo en relación al resto de seres vivos con quienes compartimos Gaia.

Narrativa. El ser-motricio es también un ser narrador porque está enredado entre lo que vive y las posibilidades de decir sobre la historia de lo que vive. Narrar es una forma de potenciar el sentido de las experiencias, tiene relación con el conocer. La palabra narrativa proviene del griego gnarrare, posee la misma raíz de la palabra gnose, que significa «conocimiento». Narrar es una forma de aprehensión y manifestación del conocimiento, por eso no puede estar desprovisto de experiencia corpórea en el mundo, ya que no todo lo que vive el cuerpo puede ser traducido  por narrativas.

Ontología regional. Solemos sostener que la ontología – nuestra concepción sobre el carácter de la realidad – es el paradigma detrás de todos los demás paradigmas. Todo cuanto pensamos, todo cuanto hacemos, independientemente del área hacia donde orientemos nuestro pensamiento o nuestras acciones, está afectado por esta concepción. De allí que en algún momento llamara a la ontología nuestro “paradigma de base”. A ella remiten el conjunto de nuestras demás concepciones. Es posible ir incluso más lejos y desarrollar lo que llamamos ontologías “regionales”. Ello implica el desarrollar miradas ontológicas sobre ámbitos o dominios particulares de la realidad. De esta forma, podemos hablar de una mirada ontológica del quehacer educativo, o del quehacer empresarial, o del quehacer espiritual, etc. Cualquier dominio de la realidad humana permite, en consecuencia, su reconstrucción ontológica (ECHEVERRÍA, 2016).

Praxis creadora. Actividad transformadora de los seres humanos, en la Historia, en dialéctica continua con la teoría. Conocimiento emancipatorio. Todo lo que, a través de la contribución indispensable de la motricidad, contribuye al mantenimiento y desenvolvimiento de la humanidad. No es sólo una tarea espiritual o especulativa, sino algo que, objetiva y materialmente, transforma la realidad. La teoría aislada, no tiene eficacia real. Sólo la tiene, cuando se traduce en una conducta motricia. La práctica es la teoría materializada y la teoría es la práctica formalizada (SÉRGIO, 1999).

Paradigma de la complejidad. A primera vista la complejidad es un tejido (complexus: lo que está tejido en conjunto) de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados: presenta la paradoja de lo uno y lo múltiple. Al mirar con más atención, la complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Paradigma de distinción/conjunción que permita distinguir sin desarticular, asociar sin identificar o reducir. Ese paradigma comportaría un principio dialógico y translógico, que integraría la lógica clásica teniendo en cuenta sus límites de facto (problemas de contradicciones) y de jure (límites del formalismo). Llevaría en sí el principio de la Unitas multiplex, que escapa a la unidad abstracta por lo alto (holismo) y por lo bajo (reduccionismo) (MORIN, 1997, p. 32-34).

Ser-encarnado. El término “encarnado” como proveniente de “encarnar”, del latim incarnare que significa “tornar carne”, personificar, representar alguna idea, doctrina, incorporar, volver al cuerpo propio. (SANTOS, 2016, p.45); (TRIGO, 2011, p.91).

Vivencia. Vygotsky (1994) citado por Guzmán Gómez e Saucedo Ramos (2015) propuso la noción de vivencia como una unidad indivisible en la que se encuentra representado tanto el ambiente en el que vive la persona como lo que la misma experimenta; es decir, entre las características personales y las situacionales. En palabras del propio autor: “La vivencia del niño es aquella simple unidad sobre la cual es difícil decir si representa la influencia del medio sobre el niño o una peculiaridad del propio niño. La vivencia, como unidad indivisible entre lo exterior y lo interior, sería la parte subjetiva de la cultura” (GUZMÁN GÓMEZ; SAUCEDO RAMOS, 2015), ya que en el proceso de interiorización y exteriorización no hay una reproducción/transmisión lineal sino que la persona recibe lo exterior (discursos, imágenes, signos, interacciones) y se los apropia de muy diversa manera, exteriorizando la comprensión de lo recibido según el pautado cultural en el que se encuentra, pero ya con un matiz subjetivo y transformador.

No toda vivencia llega a ser significativa (comprendida, aceptada, negociada interiormente) para la persona. Pero las que sí lo son dan pie a la emergencia de una experiencia. Para construir la parte significativa de la experiencia, la persona entra en el terreno de la elaboración de sentido. Si la experiencia es “lo que nos pasa”, que nos construye, la misma toma sentido cuando a través del lenguaje y de procesos semióticos le damos cauce como orientación de nuestro actuar. Como acabamos de mencionar, hay experiencias que no nos hacen sentido, no sentimos que nos construyamos en torno a las mismas. Las experiencias que nos importan implicaron, por su parte, un conjunto de vivencias a través de las cuales nos abrimos interiormente para aceptar, recrear y aprovechar lo que recibimos desde el exterior. El hilo  conductor entre las vivencias y las experiencias es el sentido. Pero se trata de un sentido construido por la persona a través de sus apropiaciones del lenguaje y de prácticas con significado que logró en sus recorridos de vida.

En síntesis, las vivencias son una unidad indivisible entre lo exterior y lo interior de la persona; llegan a ser significativas en su integración dinámica, situada y se convierten en experiencias cuando la persona hace acopio de un conjunto de las mismas para darse cuenta de que “lo que le pasa”, “lo que le importa” es significativo. El sentido entra, entonces, como una manera de articular vivencia y experiencia como elemento de motivación, de guía de las acciones y así tener claridad de qué es “eso que vale la pena” (GUZMÁN GOMEZ; SAUCEDO RAMOS, 2015).

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