Eugenia Trigo
Publicado originalmente el texto completo en Revista Eidos, 2012: https://doi.org/10.29019/eidos.v0i5.94
Resumen – A partir de un análisis de lo que significa “conocer” en el mundo complejo y crítico de hoy en día, el artículo aborda y desarrolla una propuesta sobre ciencia e investigación encarnada a la luz de la corporeidad fundamentada en autores de diversos ámbitos y de la experiencia investigativa de la autora.
Palabras clave – ciencia-conocimiento encarnado, investigación encarnada, corporeidad.
Abstract – From an analysis of what it means to «know» in the critical and complex world of today, the article discusses and develops a science and research embodied in the light of corporeality, based on various authors areas and research experience of the author.
Keywords – embodied knowledge science, research embodied, corporeal.
¿Qué significa Conocer?
¿Qué significa “conocer” hoy en día? Conceptos como mente encarnada, logos encarnado, enacción, corporeidad, motricidad, creatividad son los que están en el soporte de la ciencia/conocimiento encarnado.
El primer desafío a enfrentar, como seres humanos creadores de historia, es la ampliación de la capacidad de pensar que conlleva la dimensión somática. Esto nos ofrece «un nuevo acceso a la relación corporal con el mundo a través de los sentidos, más allá de la función de la consciencia y del lenguaje» (Conill, citado por Zemelman, 2005).
Conocemos-vivimos a través de los sentidos (sujeto- medio), comprendemos desde y con nuestra corporeidad (nuestro complejo ser-en-el-mundo), interpretamos en nuestra motricidad (corporeidad en-acción hacia la trascendencia), proyectamos con la creatividad (lo que está más allá de lo visible). La razón ya no es opuesta a la no-razón (Botero Uribe, 2000) sino que es una forma integrada de pensar, es un pensar epistémico y no un pensar teórico. ¿Seremos capaces, los seres humanos de este siglo, de comprender en la piel y no solamente con la razón instrumental esta transformación paradigmático-cósmica y continuar creando un mundo-para-la-vida-planetaria?, ¿seremos capaces los investigadores de todas las áreas, tendencias, culturas y regiones del planeta de hacer este cambio en nuestras mentes corpóreas que permita una ciencia-conocimiento encarnada para un Buen Vivir como nos insta Leonardo Boff?
Etimológicamente, encarnado/da proviene del par- ticipio “encarnar” del latín Incarnāre que “significa personificar, representar alguna idea, doctrina.” Epistemológicamente, se sigue de la ruptura de los dualismos mente-cuerpo, mente-espíritu, razón-emoción, sujeto- objeto, civilizado-salvaje, oriente-occidente. Desde la Lingüística se puede traducir como embodied y así encontramos las expresiones embodied knowledge (conocimiento encarnado), embodied mind (mente encarnada), logos encarnado, science embodied (ciencia encarnada) (Capra (2002); Núñez Errázuriz (2001); Toro (2005); Varela (2000).
En últimas encarnar el conocimiento, no es otra cosa que conocer desde el sí mismo (corporeidad) en relación con los otros y lo otro. Y, según ello ciencia encarnada es conocimiento (encarnado) sistematizado (teoría de los sistemas y complejidad) elaborado mediante la puesta en escena de nuestra corporeidad-motricidad-creatividad a través de caminos investigativos encarnados organizados epistémica y no teóricamente. Es conocimiento hecho propio, enraizado, se lleva a todas partes, no se esconde, es parte vital del ser.
El tiempo de las verdades absolutas, de las cosas dadas por ciertas, de la seguridad, la simplicidad, ya no es más el tiempo de hoy. Ni siquiera el tiempo (ni como vivencia ni como concepto) es el mismo que vivíamos, tan sólo, cincuenta años atrás y aprendimos en los textos escolares de la física. Si el mundo se nos ha movido, puesto que el conocimiento es movible-devenible, es sensato pensar-sentir-imaginar que hemos de aprender, si todavía no hemos aprendido, a estar moviéndonos continuamente, a ser capaces de no aferrarnos a una verdad o a un conocimiento dado como absoluto, puesto que, a poco que miremos alrededor o dejemos pasar un poco el tiempo, nos daremos cuenta que lo que habíamos creído como verdad inamovible se ha disipado o transformado en otro conocimiento (Hawking 1987). Cada día aparecen nuevos conocimientos, fruto de la experiencia, el estudio, la investigación, la relación inter- personal, inter-cultural que no podíamos imaginar en instantes anteriores. Así fuimos, los humanos, construyendo el mundo. Unas verdades sustituyendo a otras, unos conocimientos a otros, unos descubrimientos a otros. Entonces, la incertidumbre, la inestabilidad, la inconclusión, lo inacabado debería ser la norma en la educación, la investigación, la relación. ¿Por qué nos cuesta tanto vivir y asumir lo que es el mundo-hoy?, ¿por qué nos empecinamos en querer pensar un mundo-fijo si tenemos todos los datos de lo contrario?
Es como si viviéramos escindidos, por un lado, nuestra vida cotidiana compleja (incierta, autopoiética) y por otra nuestra vida investigativa simple (predeterminada, causal). ¿Qué nos está sucediendo?, ¿por qué no podemos unir y relacionar lo que ha sido separado? ¡Cuánto conocimiento-ciencia desperdiciada por nuestro orgullo occidental!, ¡qué triste que hayamos dejado perder los conocimientos-ciencias-filosofías-artes de los pueblos antiguos! ¿Qué nos ha sucedido? En nuestra vida nos hemos enfrentado con nosotros mismos por no poder comprender-asumir-encarnar conocimientos que provienen de lugares diversos pero que sí nos acontecen.
Cuando viajamos –física y/o virtualmente- por los distintos países, naciones, culturas de nuestro planeta, vamos poniéndonos en contacto con diversas maneras de ubicarse en el mundo, nuevos conocimientos que nos hacen trastabillar, unas veces, y otras apasionarnos.
¿Por qué nos chocan determinadas posiciones?, ¿por qué nos sentimos, muchas veces, agredidos por formas culturales-conocimientos-ciencias que se nos antojan van en contra de nuestra visión de mundo?, ¿tan difícil es integrar e incluir?, ¿tan complicado vivir la diferencia? Mas ¿no es esto la complejidad de la que todos hablamos, escribimos y sobre la que investigamos? Mi visión de este problema es que los humanos –todos, independientemente de nuestro lugar de origen- somos seres locales y adquirimos en la localidad los elementos que nos permiten comprender “ese” trocito de mundo. Ahí, vamos construyendo nuestro ser corpóreo y desde esa corporeidad actuamos, pensamos, vivimos. Lo demás, las otras localidades, son eso: otros espacios, otras culturas, los otros. Y, nos resulta muy difícil sacudirnos de la corporeidad vivida para adentrarnos en las corporeidades-otras. Lo hacemos muy bien en los escritos y los discursos, pero se nos revuelve en la vivencia del día a día cuando nos fuerzan a convivir con la excesiva diferencia. Quizá, es éste, uno de los elementos primarios de las luchas tribales y actuales guerras, exceptuando las luchas por el territorio.
Somos seres corpóreos y por ello, vivimos en y con la piel cada acontecimiento. Vibramos energéticamente al son de la energía universal y también en la energía de cada elemento (humano y no-humano) que constituye la vida. Pero, al habernos negado, en el mundo occidental, la corporeidad, nos han impedido aprender complejamente y, la razón (pensamiento racional) no es suficiente para comprender y comprendernos en esa diferencia. Si a veces tenemos problemas para entendernos en la convivencia entre casi iguales, ¿cómo no asumir que nos resulte casi imposible comprendernos en la diferencia de diferentes? Pero, el mundo se ha globalizado y ahora somos obligados a ser glocales y no tribales. El problema es que no se nos han dado las herramientas para hacer ese tránsito. Nos han echado al terreno y esperan que actuemos glocalmente.
Si estamos hablando de investigación, de conocimiento, es justo saber por qué, muchas veces, nos sentimos atrapados en la “ciencia normal”, en la “normativa investigativa” y en los “modelos metodológicos”. Si queremos ir más allá de las normas establecidas en occidente, debemos comprender por qué nos resulta tan difícil abrir nuevas preguntas, construir nuevos caminos y afrontar los miedos de no cerrar las cuestiones dando por concluido un trabajo. Ser capaces de nadar en la incertidumbre, la ambigüedad, la duda, la inconclusión, la pregunta, es el gran desafío de la investigación, del conocimiento, de la ciencia y muchas veces también del arte.
Encarnar el conocimiento

Hace algún tiempo, se me pidió la evaluación de un trabajo de grado, llevado a cabo por un artista y educador. La primera sorpresa que me llevé, al tomar contacto con el documento, es que el autor-artista-educador, había desaparecido para dejar, en su lugar, al sujeto-documental-metodológico. Es como si a esta persona le hubieran cortado las manos de su arte y le hubieran obligado a “dictar” un discurso en un lenguaje no propio. ¡Y todo ello en función de la norma, la rigurosidad, la investigación!
Entonces nos queda mucho por estudiar, comprender, aceptar y asumir como seres corpóreos. Bajarnos de los pedestales (racionales) a los que nos hemos encaramado para compartir con la diferencia y los diferentes y, ahora sí, juntos, pero no revueltos (no podemos ni debemos perder la diferencia –fundamento de la vida-) pensar el mundo, los reales problemas que nos acosan (y que no son los que los mas media nos hacen ver) y responsable y comprometidamente atrevernos a proponer modos alternativos de vida. Para ello, los investigadores-todos del mundo, independientemente de nuestras áreas de conocimiento, procedencias y tendencias, tenemos una gran tarea por delante: construir las preguntas básicas, las preguntas que nos permitan pensar alternativas al mundo de la vida. No las preguntas-norma, no las preguntas fáciles, sino las preguntas que nos lleven a más preguntas y nos fuercen a pensar por caminos diferentes a los que, hasta ahora, hemos pensado. No es ir hacia atrás, todo lo contrario, es aprovechar la extensión y profundidad del conocimiento existente en el planeta, para mirar adelante y abrirnos nuevas rutas que nos permitan continuar viviendo. ¿No es suficiente?
Para ello, deberemos valernos de todas las capacidades y habilidades que tenemos los seres humanos. No quedarnos atrapados en el pensamiento lógico-deductivo-argumentativo desconociendo las posibilidades que nos ofrece la imaginación, la ensoñación, la intuición, la emoción, la razón, la metáfora, etc., así como los diferentes lenguajes con los cuales nos comunicamos. El hecho, que, en la sociedad occidental, hayamos dispuesto el alfabeto (oral y escrito) como el lenguaje “válido” para la construcción de conocimiento, no significa que sea el único lenguaje por el cual los humanos construimos conocimiento. Permanecer en esta verdad, no nos va a ayudar a resolver la problemática. Quizá, nos parezca extraño, todavía, admitir que los lenguajes simbólicos (música, canto, danza, pintura, gesto, cine, fotografía) tienen, muchas veces, más poder para transformar la realidad que el propio lenguaje oral y escrito (matemática y literatura). ¿Cuántas veces nos hemos despertado de nuestro analfabetismo cultural y en nuestra sensibilidad, en una película, una exposición fotográfica, una obra de teatro? ¿Por qué nos empecinarnos que los pueblos-danzantes no construyen conocimiento-ciencia-filosofía?
¿No puede ser ese orgullo occidental el que quizá esté entorpeciendo los procesos de comprensión en la diferencia?, ¿será la envidia y la falta de comprensión en las maneras-otras de ser y estar en el mundo?, ¿no ha sido la misma física cuántica occidental que ha tenido que admitir “lo no-visible” para comprender la materia? (Sheldrake 1995).

Todo esto es, desde nuestro punto de vista, encarnar el conocimiento. Es decir, conocer desde nuestra subjetividad, desde nuestro ser complejo corpóreo, desde todas y cada una de las capacidades y dimensiones que nos constituyen como humanos y eso en relación con los otros seres con quienes compartimos el planeta.
Y, según ello, ciencia encarnada es conocimiento (encarnado) sistematizado (teoría de los sistemas y complejidad) elaborado mediante la puesta en escena de nuestra corporeidad-motricidad-creatividad a través de caminos investigativos encarnados organizados epistémica y no teóricamente. Es conocimiento hecho propio, enraizado, se lleva a todas partes, no se esconde, es parte vital del ser.
Es una apuesta de esperanza por la vida, un desafío que todavía podemos emprender la especie humana. Bajarnos de los pedestales de las verdades instituidas, hacernos más humildes y ponernos a trabajar, todos, en otros derroteros. ¿Una utopía? Recordemos que los sueños de hoy son las realidades de mañana y que, solamente soñando, imaginando otras realidades es que podemos transformar la existencia del hoy.
Referencias
Aristizábal, M., y E. Trigo. La formación doctoral en América Latina. ¿Más de lo mismo?, ¿una cuestión pendiente? Colombia-España: iisaber, 2009.
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Botero Uribe, D. Manifiesto del pensamiento latino- americano. Bogotá: Magisterio, 2000.
Capra, F. Las conexiones ocultas. Implicaciones sociales, medioambientales, económicas y biológicas de una nueva visión del mundo. Barcelona: Anagrama, 2002.
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Hawking, S.W. Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros. Barcelona: Grijalbo, 1987.
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Sheldrake, R. Siete experimentos que pueden cambiar el mundo. Barcelona: Paidós, 1995.
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Varela, F. Francisco Varela y la Mente Encarnada. http://www.inalambrico.reuna.cl/fichas/entrevistas/ francisco_varela.htm 2000b.