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De las Pandemias Biológicas a otro tipo de Pandemias. Lo que la Biología dice y que puede ayudar a lo que no dice y no puede ayudar.

Dr. Gerardo Naundorf
Microbiólogo
Viajero del Mundo

Hola a todas y todos. Este mes de diciembre abrimos el debate con el Dr. Gerardo Naundorf que nos habla de pandemias. Un tema que en este 2020 nos preocupa y ocupa. Con él aprendemos algo más sobre la situación que vivimos y como la enfocamos desde la Creatividad y la Motricidad Vital. Espero que os guste.

Resumen

Las pandemias biológicas no son las peores del mundo. Las pandemias derivadas de la pérdida de sentido común, de valores humanos, de ética ciudadana y la cultura social protectora de todos y para todos son las que permiten que las pandemias biológicas progresen y nos impacten tan fuertemente. Este tipo de pandemia prolifera cuando dejamos de ser seres trascendentes, cooperantes y nos negamos a la realidad cósmica que nos impiden tener una consciencia vital que procure y facilite nuevos sentidos y realidades.

Menciono algunas pandemias no biológicas que han aumentado el caos que nos trajo la enfermedad Covid19, con la esperanza de generar diálogo constructivo para detectar nuevas pandemias y evitar o corregir sus impactos.

Introducción

Pretendo en este artículo comentar algo acerca de las pandemias y sus afectaciones en diversos niveles y aspectos de nuestras vidas, sin entrar en los detalles biológicos, pues creo que ya hay suficiente información al respecto. La Covid 19 y el virus causante llegaron para quedarse y nos seguirán causando problemas por años o siglos como sucede con los otros tipos de virus de esta familia.

Mi mirada se centra en mostrar que, aunque hemos logrado recopilar un importante bagaje de la historia de las pandemias, aún no hemos podido aprender como especie humana a manejarlos correctamente y, por el contrario, coadyuvamos a su expansión y originamos otras pandemias no biológicas.

Pandemias en la historia

Hay numerosos registros de epidemias y pandemias en diferentes tiempos históricos y se seguirá reescribiendo, ajustando y aumentando a medida que ciencias como la genética, proteómica, biología molecular y la paleo arqueología desarrollan nuevas técnicas de análisis y nuevos agentes infecciosos emergerán. Estudios avanzados en fósiles humanos, animales y plantas nos están mostrando que además de las ya registradas en la historia, hubo muchas epidemias y pandemias afectando a las poblaciones humanas y algunas incluso diezmaron imperios poderosos.

La especie humana se ha caracterizado por una amplia migración desde sus inicios y las enfermedades infecciosas han atacado la humanidad desde sus primeros días, agravándose con el cambio a sociedades y comunidades agrarias, con la creación de asentamientos humanos donde estas enfermedades tenían un mayor potencial de diseminación y ataque. Posteriormente, el intercambio, la comercialización y la invasión de numerosos pueblos permitió mayores interacciones entre los humanos.

Adicionalmente, la domesticación de especies permitió mayor contacto con animales, aumentando los riesgos y la dispersión de agentes causales de enfermedades. A manera de ejemplo, los Godos, originarios de tierras escandinavas, migraron y se movieron por Europa y el norte de África llevando consigo vacas, ovejas, cerdos y caballos. La viruela tuvo su origen en el ganado vacuno, al igual que la tuberculosis. Y recordemos que, en el lejano oriente, desde época milenarias se consumen diversos animales silvestres como perros, murciélagos y culebras entre otros, que hospedan diversas bacterias y virus que originan epidemias (caso Covid19).

La civilización trajo consigo un mayor riesgo de enfermedades. No solo fue la domesticación de algunas especies de plantas y animales que atrajo otros agentes vectores; también las fuertes intervenciones sobre los ecosistemas que facilitaron la aparición y dispersión de nuevas enfermedades. La siguiente figura ilustra algunas de las pandemias en la historia y el estimado de muertes ocasionados.

Tomado de: https://www.visualcapitalist.com/history-of-pandemics-deadliest/

Algunos han expresado que no ha habido peor pandemia que la actual del COVID19. En desacuerdo en términos biológicos, pues la mortalidad (hasta hora) no es tan alta como la de aquellas épocas en que no se conocían los agentes causales y los tratamientos eran muy empíricos, casi que místicos o mágicos. El fuerte impacto de la Covid19 se ha sentido en otros campos y han originado otras pandemias que mencionaré más adelante.

¿Por qué no hemos podido o querido aprender de las pandemias?

¿Recuerdan el famoso refrán …»Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores» (Paul Preston)? Pues aplica por igual a las pandemias. No importa si ocurren, cuándo ocurren, cómo ocurren, cuáles son los agentes causales y las vías de dispersión, colectivamente las olvidamos y no volvemos a pensar en ellas hasta que una nueva enfermedad pandémica aparece. Hemos optado por ponerles nombres, en lo que llamaría un proceso racial y/o político para simplemente culpar a los demás. Este es el caso de la Covid19 que muchos llaman la enfermedad del virus chino.

Nuestro conocimiento científico, la biología y la ciencia médica, han alcanzado niveles impresionantes en los últimos años y estamos en capacidad de abordar inmediatamente nuevas epidemias o pandemias. Igualmente, las ciencias sociales y sus múltiples ciencias alternativas como la motricidad vital nos indican que debemos mirar con mayor integración los fenómenos biológicos, humanos y sociales para encontrar nuevos sentidos de vida.

No obstante, hemos abordado el estudio de las pandemias y hemos enfrentado una defensa de manera errónea, a mi manera de ver, pues le hacemos frente desde una visión simplista sin recordar la integralidad del planeta. Somos parte de un sistema integrado que no evidenciamos o nos negamos a reconocer. Perdemos así la consciencia vital que debe guiar nuestras acciones.

Somos simplistas e inmediatistas. No tenemos memoria o creamos una mente semi amnésica que impide el desarrollo de una consciencia vital que transforme personas y realidades. Dejamos acciones importantes en manos de unos pocos y no participamos activamente de las soluciones.

Muchos esperábamos que esta nueva pandemia nos impulsara a una mayor unión, a la solidaridad, a la cooperación, al compromiso por el otro, a la búsqueda de opciones integrantes e integrativas y al esfuerzo mancomunado de naciones para derrotar este enemigo que, aunque infeccioso y muy letal es fácil de aniquilar. Fácil: lavarse las manos con jabón, desinfectar, usar mascarilla facial y mantener distancia adecuada. ¿Qué cosa más simple podríamos pedir? Seguir estas simples reglas, mantener el orden, ser sensibles y conscientes de la realidad y de las necesidades de todos, practicar una ética ciudadana y trascender hacia la protección ambiental nos hubiera ahorrado muchas vidas.

Las otras pandemias

Pero el resultado fue todo lo contrario. Nos aterrorizamos, nos encerramos, nos alejamos y dejamos que unos pocos, generalmente los de menos experiencia científica o verdadera visión social, manejaran la situación sin la suficiente claridad, eficiencia y efectividad. Y desde mi particular punto de vista comencé a notar el incremento en unos casos y la aparición en otros, de situaciones que las he catalogado como las pandemias no biológicas. Menciono unas cuantas, pero seguramente los lectores podrán aportar más o complementar las mencionadas.

La de los negadores de ciencia. Aunque vigentes desde los principios de la humanidad, estos personajes nos quisieron convencer de que esto era una broma, que no era necesario hacerle caso a los médicos e investigadores y que solo se trataba de la estrategia de gobernantes, en unos casos, o de personajes que querían destruir nuestra sociedad y estilo de vida. Hoy más que nunca necesitamos de todas las ciencias, no solo las relacionadas con la biología. La ingeniería, las ciencias sociales con todo tipo de enfoques, la psicología, la telemática y otras tantas. Para estos negadores no hay solución biológica; están aferrados a sus creencias y solo esperan que llegue la nueva inquisición. Pero algunos científicos también quieren acabar o no dejar progresar otras ciencias alternativas que podrían aportar soluciones o incluso evitar la recuperación de prácticas milenarios en comunidades ancestrales que tienen efectividad.

La de los antivacunas. Podríamos catalogarla como una versión o ramificación de la anterior. Sin vacunas estamos condenados ante los microorganismos. Pueden argumentar lo que quieran, pero como microbiólogo y estudioso de este campo, sin ellas los microorganismos ya nos hubieran extinguido. Claro que lo lograrán al final de todo, probablemente antes de que nuestra estrella solar se convierta en gigante roja y después en enana blanca. Si tuviéramos una mayor consciencia ambiental y cósmica, nos daríamos cuenta de que somos un instante en la eternidad del universo y que como polvo de estrellas regresaremos al cosmos en polvo de estrellas.

La de la superficialidad y banalidad. La banalidad y el culto a sí mismo no es nada nuevo. Es una expresión de nuestro cuerpo y pensamiento que nos lleva a mirarnos en el espejo y querer ver una imagen en particular y poder reflejarla a otros. Deseamos comportarnos y vernos como otros o que otros se vean y se comporten como nosotros. Nos olvidamos que el otro es un complemento de mí y que las interacciones es lo que nos hace iguales, pero al mismo tiempo diferentes. 

El consumismo, banalidad o superficialidad nos ha llevado a convertir teléfonos inteligentes (¿?) en un medio para “inventar” estupideces y ser “influenciadores”. Millones de niños, jóvenes y adultos siguen como en un culto a personajes que publican en redes como Fabebook o TikTok una cantidad de cosas sin sentido y que solo están desfigurando la mente de las personas. Necesitamos que se reconozca a los maestros como los verdaderos influenciadores de vida. Pero sobre todo necesitamos mayores cultores de sociedades más integradas, más sensibles, más vivenciales, que sumen experiencias y acciones para resolver de manera integral e idónea la diversidad de obstáculos e impases que supone la vida biológica y social. Aquí se plantea un reto importante a la educación y a los educadores, tema que deberíamos abordar próximamente en esta red.

La de la destrucción del medio ambiente. El caso de la Covid 19 es una evidencia más del impacto negativo que tiene la alteración o intervención de ecosistemas en la emergencia y proliferación de enfermedades infecciosas. Sobre este tema me referiré en posterior escrito. Sabemos que las afectaciones que hicimos desde siglos ancestrales y las que hacemos ahora son catastróficas para el ambiente, pero solo queremos gozar el instante sin pensar en la trascendencia del cosmos.

La del racismo. Aun creemos que tenemos razas y que algunas son superiores. En términos de Adam Rutherford, genetista inglés, “tus ancestros son mis ancestros”. Las evidencias genéticas muestran que nos originamos en África, que nuestros antepasados migraron por todas partes del planeta y que se mezclaron las diversas poblaciones. Estudios genéticos (en su mayoría estadísticos y probabilísticos después de estudiar ciertas secuencias de ADN) nos indican que el punto isogenético, tiempo en la historia donde la totalidad de la población es el ancestro de todas las poblaciones contemporáneas, ocurrió hace unos 3.400 años. Es decir que todos los que vivimos hoy en día descendemos de la población global del Siglo XIV A. C. Una mala noticia para los racistas. Por lo tanto, todos somos nosotros mismos, nuestra corporeidad, sensibilidad y vivencias son similares y no tenemos derecho a demonizar o deshumanizar a otros. El otro es un complemente del yo y su interacción debe determinar un mundo vivencial similar e idónea para todos. Todos los seres vivos tenemos un esqueleto blanco y una sangre roja que circula en cuerpos de diversos tamaños, proporciones y tonos de piel.

La de la pérdida de la ética, la moral y principios ciudadanos. Esta pandemia creo es la peor, que se ha recrudecido con los ambientes políticos y sociales que vivimos en el presente siglo. Sabemos que, sin orden, ética, seguimiento a normas ciudadanas estamos condenados al caos y la incertidumbre. Aquí la biología como tal no tiene nada que decir o aportar, a no ser que estemos hablando de análisis psico-neuronales y neuro-cirugía para encontrar dónde se aloja la estupidez humana y la podamos extirpar de nuestras mentes y corazones.

En conclusión

La práctica de la motricidad vital nos puede ayudar a recuperar la ética y llevarnos a reconocer que somos parte integral e integrada de un cosmos, que nos exige cooperación, solidaridad y experiencias que nos den esperanza, alegrías y satisfacciones íntimas a nuestra corporeidad y a los demás.

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